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domingo, 3 de mayo de 2009

LA METÁFORA VIRAL Y SUS MUTACIONES ANTROPOLÓGICAS EN W. BURROUGHS Por Adolfo Vásquez Rocca

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"Emitir no puede ser nunca mas que un medio para emitir más, como la Droga. Trate usted de utilizar la droga como medio para otra cosa (...) Al emisor no le gusta la charla. El emisor no es un ser humano (...) Es el Virus Humano."


W. Burroughs


LA METÁFORA VIRAL Y SUS MUTACIONES ANTROPOLÓGICAS

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"Las epidemias se crean y se diseminan para lucrar con ellas, vender productos de consumo derivados y redirigir las fuerzas productivas... tal y cual hacen las guerras... y con ello la ganancias de nuevos mercados, más aún en época de crisis...."


"El miedo a un desastre hace que todo el mundo actúe de manera que fortalece el desastre"
.Bertrand Russell

"Las pestes no perdonan y atacan con el mismo entusiasmo a los seres humanos y a los sistemas filosóficos...,los fenómenos sociales se tienen que considerar siempre desde un punto de vista epidemiológico y, a la inversa, también la memoria es muy oportunista y sólo recuerda aquellas catástrofes que a uno le son útiles. El sujeto moderno es una víctima propicia de obsesiones oportunistas, que en el lenguaje de la prensa se clasifican como información. Lo que se llama información, es en realidad una micro-obsesión que tiene carácter de epidemia colectiva".


Ver: VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “William Burroughs; Metáfora Viral, compulsión y Literatura conspirativa”, En Revista Observaciones Filosóficas , ISSN 0718-3712, Literatura, 2007.


LA METÁFORA VIRAL Y SUS MUTACIONES ANTROPOLÓGICAS

1.- De la literatura conspirativa a la espectralidad de la heroína.


Burroughs1 propaga su metáfora paranoica del virus a partir de Naked Lunch –El Almuerzo desnudo2–, obra casi inmediatamente posterior a Junky3 que, desde la misma espectralidad de la heroína, emula con talento la escritura experimental de su época. La manía viral de Burroughs se muestra en cada una de sus obras, pero donde alcanza ribetes delirantes es en su Ensayo de ficción La revolución electrónica4, donde el autor postula que el lenguaje humano es un sistema viral invasivo. Según Burroughs, una infección viral atacó a los homínidos del pre-paleolítico catalizando mutaciones deformantes de las neuronas, del aparato sonoro y de la estructura máxilofacial.


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La Metáfora Viral W. Burroughs

En la obra de William Burroughs el sujeto se encuentra manipulado y transformado por los procesos de contagio. El lenguaje es un virus que se reproduce con gran facilidad y condiciona cualquier actividad humana, dando cuenta de su intoxicada naturaleza. Los textos de Burroughs proliferan sin principio ni fin como una plaga, se reproducen y alargan en sentidos imprevisibles, son el producto de una hibridación de muy diversos registros que no tienen nada que ver con una evolución literaria tradicional, sus diferentes elementos ignoran la progresión de la narración y aparecen a la deriva desestructurando las novelas de su marco temporal, de su coexistencia espacial, de su significado, y posibilitando que sea el lector quien acabe por estructurarlas según sus propios deseos.

El propio Burroughs, en su novela Naked Lunch, visualiza masas ectoplásmicas compuestas de una substancia gelatinosa más viva, y por tanto más repugnante y más fascinante que la vida misma, que posee y simula indiferentemente tanto la fisonomía de los yonquis como la de los agentes federales que los persiguen. Repúblicas, corporaciones, organizaciones, laboratorios, sustancias, funcionarios, agentes, técnicos, víctimas, conspiradores, tan alucinados como hiper-reales conforman el cultivo viral, ectoplasmoide que palpita en torno al agujero negro de la Droga.




2.- La droga y sus ciclos compulsivos; monopolio y escatología.



Como podemos constatar en los textos inaugurales de Burroughs y en la legislación anti-droga que les precedieron por apenas unos años, el imaginario de la Droga ha invocado desde sus inicios la fobia del contagio. La droga figura como agente extraño que infecta el cuerpo social. Hasta la propia escritura sobre el flagelo, incluyendo este texto, debe poseer propiedades infecciosas, según los más adeptos censores. Hoy, en la época del HIV, y dadas las metonimias de droga, sexo y sangre que conforman sus historias de contagio, surge una encarnación espectral de la Cosa con grandes repercusiones imaginarias y simbólicas de valor atávico: ella es el plasma sanguíneo humano. Es perfectamente previsible y poco sorprendente que la Droga máxima, y por ende, el máximo agente viral por venir en esta época de revolución apocalíptica permanente, sea la sangre humana.

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Un admirador de Burroughs, Terry Southern, pergeñó un oscuro relato titulado “La sangre de un pelucón”, donde el protagonista agarra tremendos embales inyectándose sangre humana gracias a sus contactos con una cábala de tecnólogos adjuntos a un manicomio donde ellos obtienen y distribuyen la sangre con propiedades psicoactivas de los pacientes esquizos. De hecho, el investigador del museo Pitts River de Oxford, Richard Rudgley, constata informes sobre la presencia natural del potente alucinógeno 5-MeO-DMT en la sangre de algunos esquizofrénicos. Por otro lado, el novelista británico Phillip Kerr, en su crónica de ciencia-ficción, El segundo ángel, visualiza un año 2069 cuando el precio estándar de la sangre regula la economía global.


El 80% de la población está contagiada de un virus análogo al HIV, aunque de acción más lenta y con pronóstico fatal de 100%. La acción retardada e inicialmente indetectable del virus decuplica su potencial de contagio. La única cura disponible supone una transfusión completa de sangre incontaminada. El precio del litro de sangre pura se dispara hasta rebasar por mucho el precio del oro, convirtiendo la sangre en nuevo estándar monetario de la economía internacional. Poderosos bancos de sangre rigen la economía. La actividad criminal se transforma: los bancos de sangre se albergan tras inexpugnables fortalezas digitalizadas; carteles hematológicos controlan un tráfico ilegal de sangre, bandidos vampirescos asaltan a personas incontaminadas para absorberles la última gota de plasma, sobrepreciada mercancía que anula el valor de toda otra posesión, incluyendo el dinero mismo -¡quién quiere tu dinero, lo que queremos es tu sangre ¡-tu sangre es dinero!




Ahora bien, el aparato lógico-retórico puede ser rearmado y asumir diversas formas. Algo similar acontece en un sistema viral, apto para reproducir a cada instante una replica de sí mismo. De aquí puede desprenderse una zozobra de carácter ontológico-lingüística, la duda: ¿somos nosotros los que hacemos el lenguaje o el lenguaje a nosotros? Beckett. El caso es que los virus, sean estos orgánicos o digitales (informáticos), ilustran de manera insuperable los caminos que escoge el universo para resumirse, en un ajuste de cuentas abstracto con los signos –y su vocación viral– que amenazan con un día detenernos para siempre en una confusión de lenguas: la dispersión en nuestra propia Babel, el extravío en nuestro laberinto recursivo.


Ante esta situación vírica que Burroughs considera que impregna la existencia, el escritor entiende que nuestro fin es el caos5. El caos como un espacio mítico donde reina lo híbrido, la fusión de lo contradictorio, el doble monstruoso. La función del caos en la escritura será una fascinación por los residuos, por el flujo verbal que nos lleva al hundimiento y a la perdida, por el retorno al silencio. La aspiración será “Encontrar un lenguaje endémico, caótico, que sea un lenguaje del cuerpo, que se convierta entonces en el fin reconocido de la escritura”6.

Adolfo Vásquez Rocca Arte y Literatura conspirativa

Será así como Burroughs basará su trabajo literario en la discontinuidad, la reiteración, la contaminación, lo inacabado y desmembrado, todo ello reflejo de un mundo corrompido, en vías de descomposición, y de un individuo desgarrado y confuso, que se aproxima a su negación.

Al comparar los fenómenos orgánicos con los fenómenos reproductivos que acaecen en el mundo virtual, es indudable que podemos extraer lecciones profundas sobre la naturaleza de los procesos lógicos. Aquí los virus constituyen una metáfora fundamental que posibilita una lectura antropológico-literaria de los textos de Burroughs. Esto, por las particulares características de estos micro-organismos, por sus despliegues alambicados, por su autonomía y su narcótica autorreferencialidad y, sobretodo, por su hábil oportunismo.


El virus informático, es el más curioso y paradójico síntoma de que la tecnología, al desbordar sus finalidades, provoca imprevisibles ironías. Ellos, remotos, numerosos, multidireccionables, anónimos, apostados esperando el sabotaje patológico: a fuerza de autorreproducción ciega, amenazan con llevar el sistema al estado de entropía máxima, muerte térmica de la programación, donde sólo habita el virus.

Es posible que en algunos años las técnicas de escritura viral, ya hoy en un embrionario proceso invasivo, pasen a constituirse en los únicos medios de expresión, en el ultimo balbuceo de un lenguaje infiltrado y parasitado, en el cierre definitivo del universo del discurso.

Ante esta situación vírica que Burroughs considera que impregna la existencia, el escritor entiende que nuestro fin es el caos7. El caos como un espacio mítico donde reina lo híbrido, la fusión de lo contradictorio, el doble monstruoso. La función del caos en la escritura será una fascinación por los residuos, por el flujo verbal que nos lleva al hundimiento y a la perdida, por el retorno al silencio. La aspiración será “Encontrar un lenguaje endémico, caótico, que sea un lenguaje del cuerpo, que se convierta entonces en el fin reconocido de la escritura”8.

Será así como Burroughs basará su trabajo literario en la discontinuidad, la reiteración, la contaminación, lo inacabado y desmembrado, todo ello reflejo de un mundo corrompido, en vías de descomposición, y de un individuo desgarrado y confuso, que se aproxima a su negación.

Al comparar los fenómenos orgánicos con los fenómenos reproductivos que acaecen en el mundo virtual, es indudable que podemos extraer lecciones profundas sobre la naturaleza de los procesos lógicos. Aquí los virus constituyen una metáfora fundamental que posibilita una lectura antropológico-literaria de los textos de Burroughs. Esto, por las particulares características de estos micro-organismos, por sus despliegues alambicados, por su autonomía y su narcótica autorreferencialidad y, sobretodo, por su hábil oportunismo.

El virus informático, es el más curioso y paradójico síntoma de que la tecnología, al desbordar sus finalidades, provoca imprevisibles ironías. Ellos, remotos, numerosos, multidireccionables, anónimos, apostados esperando el sabotaje patológico: a fuerza de autorreproducción ciega, amenazan con llevar el sistema al estado de entropía máxima, muerte térmica de la programación, donde sólo habita el virus.

Es posible que en algunos años las técnicas de escritura viral, ya hoy en un embrionario proceso invasivo, pasen a constituirse en los únicos medios de expresión, en el ultimo balbuceo de un lenguaje infiltrado y parasitado, en el cierre definitivo del universo del discurso.

Los actos de un toxicómano cualquiera, como los personajes que pululan en el alucinado universo de Burroughs, se estructuran como un lenguaje altamente inestable. La droga produce esa mirada extraña, ese estado alucinatorio a partir del cual se establecen paranoicas e instrumentales relaciones. Todos los valores sociales, culturales y morales del hombre parecen condensarse en una ecuación única que Burroughs llama el álgebra de la necesidad. El elemento alucinógeno no es más que un gran aparato de control, que a su vez se sitúa debajo de otro, el médico-policiaco, el cual cumple la misión de generar la adicción. "La droga es un molde de monopolio y posesión (...) la droga es el producto ideal (...) la mercancía definitiva" 9


En el mundo de Burroughs la expresión "vivir para la droga" es inadecuada, pues la droga no sería siquiera el objeto de una vida. Más bien la droga sustituye el vivir, deja de ser objeto de la pulsión vital para sustituir esa pulsión con su propio ciclo compulsivo, con una 'vida' más real que la vida misma.

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La Metáfora Viral Burroughs por Adolfo Vásquez Rocca

"La droga –señala Burroughs– es una inoculación de muerte que mantiene el cuerpo en condición de emergencia"10. Un cuerpo para el capital es un cuerpo en perenne condición de emergencia. El capital se retroalimenta de la revolución permanente de sus propias condiciones de producción, que se repiten y perpetúan gracias a su autodestrucción cíclica continua. La droga como mercancía importada por los centros capitalistas de occidente es la advocación escatológica del ciclo del capital, su absoluto end-product revelado como avatar tóxico de sí mismo.


Su principal síntoma fue el lenguaje. En este teorema de Burroughs el síntoma y el agente infeccioso son indistinguibles. El lenguaje humano es una espora semiótica de virus desmolecularizados, con los que la CIA, la KGB y otras instituciones espectrales infectan y reinfectan a la población incauta. La adición a las drogas, las perversiones y los motines urbanos actúan como señales sintomáticas y como dispositivos de contagio. El oficiante underground de la droga, del sexo y de la violencia cumple su tarea revolucionaria al acelerar indefinidamente la propagación viral masiva con todo tipo de trucos electrónicos y massmediáticos. El objetivo es la revolución apocalíptica permanente. No es difícil deducir que existe una relación simbiótica entre el recurso del apocalipsis y la consistencia espectral de las instituciones del poder.


Consideremos además que la droga, esta droga –la morfina– o cualquier otra, es un anti-objeto; que la droga es poco definible como objeto de deseo, pues la construcción de su hábito conlleva sustituir los objetos de deseo ordinarios forjados, perseguidos, sitiados, capturados o evadidos en las fantasías de la realidad cotidiana, por un solo objeto que, como el dinero, representa a todos los objetos sin poseer otro valor que sustituir esos objetos.

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Filosofía contemporánea y Literatura conspirativa por Adolfo Vásquez Rocca


3.- Periplos de inmortalidad y angustia de caducidad.



El mundo era un frío laboratorio y la inmortalidad nuestra mayor fantasía. Dispuestos para la resurrección biotecnológica yacen congelados, suspendidos criogénicamente, los restos de Walt Disney. Sin embargo la muerte esta ya en marcha en el seno misma de la vida.

Por lo general, una célula esta destinada a dividirse un cierto número de veces para luego morir. Pero si en el curso de esta división, algo perturba este proceso –por ejemplo, una alteración en el gen que previene los tumores o en los mecanismos que gobiernan la apoptosis11 celular– la célula se convierte en una célula cancerosa. Olvida morir. Olvida cómo morir. Continúa clonándose a sí misma una y otra vez, creando miles de réplicas de sí misma, llegando así a formar un tumor. Lo habitual es que el sujeto muera como resultado de ello y que las células cancerosas mueran con el. Pero en el caso de Henrietta Lacks, las células tumorales tomadas de su cuerpo fueron cultivadas en un laboratorio y continuaron proliferando incesantemente. Llegando a constituir un espécimen tan sorprendente y virulento que ha sido enviado al espacio, a bordo del satélite norteamericano Discoveri 17. Así el cuerpo diseminado de Henrietta Lacks, clonado a nivel molecular, esta realizando sus periplos de inmortalidad.

Hay algo escondido dentro de nosotros; nuestra propia muerte pero algo más está oculto, al acecho, apostado dentro de cada una de nuestras células: el olvido de la muerte. En las células acecha nuestra inmortalidad.

Es habitual hablar de la lucha de la vida contra la muerte, pero hay un peligro inverso. Tenemos que luchar contra la probabilidad de que no muramos. Ciegamente soñamos con vencer la muerte a través de la inmortalidad, ignorando que este es tal vez el más terrible de los destinos.

Codificado en la temprana vida de nuestras células, este destino está ahora reapareciendo en nuestro horizonte biotecnológico con la llegada de la clonación.

La pulsión de muerte, según Freud, es precisamente la nostalgia de un estado anterior a la aparición de la individualidad y de la diferenciación sexual, un estado…Repeticiones de seres idénticos.

Nos encontramos en el proceso de reactivar esta inmortalidad patológica, la inmortalidad de la célula cancerígena, tanto a nivel individual como al nivel de las especies como un todo. Es la venganza contra los seres mortales y sexuales de las formas de vidas inmortales e indiferenciadas, En lo que podríamos llamar, al modo de Baudrillard, la solución final. Un sistema viral produce a cada instante una réplica de sí mismo.

En el contexto de una guerra biológica, al tiempo que el autor de un virus anuncia su presencia devastando el ambiente, el propio virus, con relativa autonomía, también se anuncia así mismo, desbordando incluso su proyecto original por vía de alguna mutación inesperada.

La muerte, que una vez fue una función vital se podría convertir en un lujo, en un costoso placer. En todos los modos futuros de la civilización, donde la muerte habrá sido eliminada, los clones del futuro podrán pagar muy bien por el lujo de morir.

Ni la psicología ni la biología han reconocido el lugar central de la pulsión de muerte en la determinación de los seres humanos. Y así como hay una pulsión de inmortalidad para la cual se tienen respuestas tecnológicas como la clonación, también hay una pulsión de muerte. Como hemos visto, estas pulsiones entran en juego simultáneamente y es posible que una no sea más que una variante de la otra, nada más que su dilatación.

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4.- Las metáforas de la Enfermedad y sus mutaciones antropológicas.



¿Qué clase de cosa es la Enfermedad (siempre se trata de una y sólo una: en el siglo XIX, en el XX, en el XXI), y en qué sentido nos sirve para pensar la literatura? Una cosa imaginaria, una cosa en el registro de lo imaginario y, por eso, parte de la ecología de la Imaginación.



La enfermedad, disturbio de la salud, al mismo tiempo que representa un desorden de la naturaleza, es aquello que se sustrae al aparato jurídico. Lo señala Foucault en su curso Los anormales (1975) y en los libros que de ese curso se deducen, como Vigilar y castigar o el primer tomo de la Historia de la sexualidad): la teratología del siglo XIX es una teoría donde lo monstruoso es aquello que desafía a la vez las leyes naturales y las leyes del sistema jurídico1


Los portadores de HIV son los verdaderos cyborgs de nuestro tiempo: una conexión hombre-máquina donde la farmacología establece un agenciamiento molecular, una relación diseminada en cada molécula del cuerpo. Más allá del monstruo clásico del siglo XIX y del cuerpo sin órganos del siglo XX, es ésta la mutación antropológica de la que somos protagonistas.


La noción de monstruo es esencialmente una noción jurídica -jurídica en el sentido amplio del término, claro está, porque lo que define al monstruo es el hecho de que, en su existencia misma y su forma, no sólo es violación de las leyes de la sociedad, sino también de las leyes de la naturaleza-. Es, en un doble registro, infracción a las leyes en su misma existencia. El campo de aparición del monstruo, por lo tanto, es un dominio al que puede calificarse de jurídico biológico. Por otra parte, el monstruo aparece en este espacio como un fenómeno a la vez extremo y extremadamente raro. Es el límite, el punto de derrumbe de la ley y, al mismo tiempo, la excepción que sólo se encuentra, precisamente, en casos extremos. Digamos que el monstruo es lo que combina lo imposible y lo prohibido.


El monstruo es la excepción por definición; el individuo a corregir es un fenómeno corriente. Tan corriente que presenta -y ésa es su primera paradoja- la característica de ser, en cierto modo, regular en su irregularidad. Por consiguiente, a partir de ahí también van a desplegarse toda una serie de equívocos que reencontraremos durante mucho tiempo, luego del siglo XVIII, en la problemática del hombre anormal.

Adolfo Vásquez Rocca Exposición de Arte

5.- Profusión textual, alteridad y fenómenos cancerígenos.


Nada más expansivo -y profuso-, además de límite como experiencia, que el cáncer; un linfoma del que nunca se había notado más que su eventualidad (no su necesidad, por cierto: pocos trasplantados pasan por ello), señalada en el prospecto de la ciclosporina. La causa es la baja inmunitaria. El cáncer es como el rostro masticado, ganchudo y estragado del intruso. Extraño a mí mismo, y yo mismo que me enajeno. ¿Qué decir? si se discute todavía acerca de la naturaleza exógena o endógena de los fenómenos cancerígenos.


Aquí también, de otro modo, el tratamiento exige una intrusión violenta. Se esta ante procesos y terapias altamente invasivos. Incorpora una cantidad de ajenidad quimioterapéutica y radioterapéutica. Al mismo tiempo que el linfoma roe el cuerpo y lo agota, los tratamientos lo atacan, lo hacen sufrir de diversas maneras, y el sufrimiento es la relación entre una intrusión y su rechazo. Aun la morfina, que calma los dolores, provoca otro sufrimiento: el embrutecimiento y el extravío.


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La Metáfora Viral Burroughs por Adolfo Vásquez Rocca

El tratamiento más elaborado se denomina «autotrasplante» (o “trasplante de células madre”): después de haber vuelto a activar mi producción linfocitaria por medio de «factores de crecimiento», durante cinco días seguidos se extraen glóbulos blancos (se hace circular toda la sangre fuera del cuerpo y los extraen mientras esta circula). Los congelan. Luego ponen al paciente en una cámara estéril durante tres semanas y le aplican una quimioterapia muy fuerte, que deprime la producción de la médula antes de reactivarla mediante el reimplante de las células madre congeladas (sobrevuela un extraño olor a ajo durante este procedimiento…). La baja inmunitaria llega a niveles extremos y genera fuertes fiebres, micosis, trastornos en serie, antes de que la producción de linfocitos se recupere.


Uno ya no se reconoce: pero «reconocer» no tiene ahora sentido. Uno no tarda en ser una mera fluctuación, una suspensión de ajenidad entre estados mal identificados, dolores, impotencias, desfallecimientos. La relación consigo mismo se convierte en un problema, una dificultad o una opacidad: se da a través del mal o del miedo, ya no hay nada inmediato, y las mediaciones cansan.

Yo termino/termina por no ser más que un hilo tenue, de dolor en dolor y de ajenidad en ajenidad. Se llega a cierta continuidad en las intrusiones, un régimen permanente de la intrusión: a la ingesta más que cotidiana de medicamentos y a los controles en el hospital se agregan las consecuencias dentales de la radioterapia, así como la pérdida de saliva, el control de los alimentos y el de los contactos contagiosos, el debilitamiento de los músculos y de los riñones, la disminución de la memoria y de la fuerza para trabajar, la lectura de los análisis, las reincidencias insidiosas de la mucositis, la candidiasis o la polineuritis, y esa sensación general de no ser ya disociable de una red de medidas, de observaciones, de conexiones químicas, institucionales, simbólicas, que no se dejan ignorar como las que constituyen la trama de la vida corriente y, por el contrario, mantienen incesante y expresamente advertida a la vida de su presencia y su vigilancia. Soy ahora indisociable de una disociación polimorfa.



6.- Profilaxis, virulencia y políticas de climatización


El universo era un frío laboratorio y el mundo un experimento térmico donde proliferan políticas de climatización. El calentamiento global o la helada cósmica vienen a ser dos apocalípticos escenarios, escatológicamente excluyentes, pero posibles como condiciones de inviabilidad de la especie; aún cuando en realidad podamos suponer que el exterminio del hombre ha comenzado ya y esta teniendo lugar con el exterminio de sus gérmenes. Así, sin más, con sus humores, sus pasiones, su risa, su sexo, sus secreciones, sus fluidos, el propio hombre no es más que un sucio y pequeño germen, un virus irracional que altera el universo de la transparencia. Cuando sea expurgado, cuando todo haya sido expurgado y haya sido eliminada toda la contaminación social y bacilar, sólo quedará el virus de la tristeza en un universo de una limpieza y una sofisticación mortales.

Siendo a su vez el pensamiento – como hemos anticipado - una red de anticuerpos y un sistema de defensa inmunológica natural, éste también se encuentra fuertemente amenazado. Corre el peligro de ser drásticamente sustituido por una burbuja electrónica cerebro-espinal expurgada de cualquier reflejo animal o metafísico. De algún modo todos ya vivimos en una esfera12 (Sloterdijk) como las que rodean a algunos personajes del Bosco, envoltura transparente en la que nos refugiamos, a la vez desvalidos y superprotegidos, condenados a la inmunidad artificial y a la transfusión perpetua y condenados a morir al menor contacto con el mundo.

Bien pude ser esta la forma en que hemos perdido las defensas, convertidos en inmunodeficitarios virtuales.

En un espacio superprotegido, el cuerpo pierde todas sus defensas. En las salas quirúrgicas la profilaxis es tan exacerbada que ningún microbio y ninguna bacteria pueden sobrevivir. Ahora bien, justo allí es donde nacen ciertas enfermedades misteriosas, anómalas, virales. Pues los virus, por su parte, proliferan tan pronto como se les deja espacio. En un mundo expurgado de las viejas infecciones, en un mundo clínico “ideal”, se despliega una patología impalpable, implacable, nacida de la propia desinfección.


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Adolfo Vásquez Rocca



Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Profesor de Antropología y Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la Universidad Andrés Bello UNAB. – En octubre de 2006 y 2007 es invitado por la 'Fundación Hombre y Mundo' y la UNAM a dictar un Ciclo de Conferencias en México. – Miembro del Consejo Editorial Internacional de la 'Fundación Ética Mundial' de México. Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Argentina. Director de Revista Observaciones Filosóficas. Profesor visitante en la Maestría en Filosofía de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y Profesor Asociado al Grupo Theoria –Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado– UCM. Académico Investigador de la Vicerrectoría de Investigación y Postgrado, Universidad Andrés Bello. Artista conceptual. Ha publicado recientemente el Libro: Peter Sloterdijk; Esferas, helada cósmica y políticas de climatización, Colección Novatores, Nº 28, Editorial de la Institución Alfons el Magnànim (IAM), Valencia, España, 2008.

Notas y Referencias:

1 William Burroughs, St. Louis EEUU, 1914-1997.

2 BURROUGHS, William, El Almuerzo desnudo, Ed. Bruguera, 1980.

3 BURROUGHS, William, Yonqui, Ed. Júcar, Barcelona, 1988.

4 BURROUGHS, William, "The Electronic Revolution", 1970.

5 CORTÉS, José M., Orden y Caos; Un estudio sobre lo monstruoso en el arte, Ed. Anagrama, Barcelona, 1997, p. 191.

6 GRÜNBERG, S., À la recherche d’un corps (Language et silence dans l’oeuvre de William Burroughs), Paris, Seuil, 1979, p. 81.

7 CORTÉS, José M., Orden y Caos; Un estudio sobre lo monstruoso en el arte, Ed. Anagrama, Barcelona, 1997, p. 191.

8 GRÜNBERG, S., À la recherche d’un corps (Language et silence dans l’oeuvre de William Burroughs), Paris, Seuil, 1979, p. 81.

9 BURROUGHS, William, El Almuerzo desnudo, Ed. Bruguera, 1980, p. 8-9

10 BOCKRIS, Victor, Con William Burroughs; Conversaciones privadas con un genio moderno, Ed. Alba, Barcelona, 1998.

11 Especie de “muerte celular programada”, un “suicidio” genéticamente determinado.

12 VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, Artículo, “Peter Sloterdijk; Esferas, helada cósmica y políticas de climatización” En Eikasia Revista de Filosofía, año I - número 5- julio 06 , Oviedo, España ISSN: 1885-5679; http://www.revistadefilosofia.com/SLOTERDIJK.pdf

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miércoles, 29 de abril de 2009

ERNST JÜNGER: TEMPESTADES DE ACERO O LA ENTRADA EN ESCENA DE LOS TITANES Por Adolfo Vásquez Rocca

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Ernst Jünger por Adolfo Vásquez Rocca

ERNST JÜNGER: TEMPESTADES DE ACERO O LA ENTRADA EN ESCENA DE LOS TITANES

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

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La lucha de los titanes y el crepúsculo de los dioses son metahistóricos, ellos echan mano de la historia a partir de la naturaleza y del cosmos. Considerados temporalmente, es de suponer que los titanes precedieron a los dioses y, a su vez, administraban el caos. A esto le siguió el mito que afirma que fueron los titanes quienes generaron y educaron a los dioses. Su revuelta hizo temblar el Olimpo, luego fueron refrenados por Zeus y exiliados al mundo subterráneo. Con todo, ellos han de retornar siempre de nuevo; así, por ejemplo, Prometeo encadenado, en la figura y aspecto del trabajador. Los dioses crean desde lo atemporal; los titanes empero, actúan e inventan en el tiempo. Se hallan emparentados más con la técnica que con las artes. De allí que Hölderlin aconsejase al poeta soñar y dejarse consolar por Dionisos, mientras sea que dominen los “hombres del acero”, no obstante, él sabe que los dioses han de retornar”.

Ernst Jünger


La trinchera tiene una profundidad de dos o tres hombres. Por tanto, los defensores se mueven por ella como por el fondo de un pozo, y, para poder observar el terreno que tienen delante o disparar contra el enemigo, tienen que subir por escalones hechos en la tierra o por escaleras de madera, al puesto de observación: una larga tarima o saliente practicado en el talud, de manera que quienes estén sobre él puedan asomar la cabeza y mirar. Sacos de tierra, pedruscos y planchas de acero constituyen el parapeto (…) Delante mismo y a lo largo de las trincheras se extiende, casi siempre en varias líneas, redes de alambradas, enrejados de púas de alambre que detienen a los asaltantes y permiten a los defensores disparar con toda tranquilidad (…)”

Ernst Junger. Tempestades de acero. 1920.

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Jünger La Esctitura de la Catástrofe por Adolfo Vásquez Rocca

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Ernst Jünger1, escritor, filósofo, novelista e historiador alemán nacido en Heidelberg en 1895 y fallecido en Wilfingen en 1998. Hijo del doctor Ernst George Jünger, un profesor de química, y Lily Karoline. Se une a los Wandervögel en 1911, movimiento juvenil, que sostenía principios radicales posteriormente adoptados por el movimiento hippie, extremaba el espíritu de la naturaleza y la búsqueda de los bosques así como el respeto absoluto por la vida animal. Además, a diferencia de estos últimos teñía su ideario de una glorificación de la nación alemana.


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Jünger y Alemania por Adolfo Vásquez Rocca

Cuando estalló la I Guerra mundial Jünger fue uno de los primeros en alistarse, obteniendo en 1918, pocas semanas antes del fin de la guerra, la condecoración “Blaue Max” al mérito militar. Fruto de esta experiencia, fue la publicación -con tan sólo 25 años- de sus recuerdos de la guerra en el libro “Tempestades de Acero”, una alabanza a la guerra en cuanto “experiencia interior”, que catapultó al joven escritor a la fama.

Entre la guerra y la subida de Hitler al poder en Alemania, Jünger formó parte de la órbita de una compleja corriente político-cultural llamado “Konservative Revolution” o revolución conservadora alemana, de la que formaron parte, además de diversos grupos, autores como Ernst von Salomon, Werner Sombart, Carl Schmitt o Oswald Spengler. Algunas de las características más importantes que definieron a la “Konservative revolution” fue su nacionalismo radical, su rechazo al liberalismo decimonónico, a la Revolución francesa o la influencia de autores como Nietzsche. Dentro de esta corriente, Jünger publicó libros como “La guerra como experiencia interior”, “La movilización general” o “El trabajador”.

Como se ha señalado, en los primeros años de la República de Weimar -Júnger- es un activo polemista y articulista dentro de la cultura del nacionalismo alemán revolucionario, que une pasión revolucionaria y extremo conservadurismo antiliberal. En este sentido existe un elemento fascistizante en el Jünger joven, que ha constituido hasta nuestros días un punto de referencia espectacular. Nunca fue nazi, pero de los años 1925-1933 existen referencias ambiguas a ese movimiento, es decir, positivas y negativas. El asunto es que en su lenguaje ideológico —con nivel, pero dentro de esa esfera— Jünger creyó identificar el espíritu de la Historia con un tipo de actitud que en la política real no podía sino llevar a una suerte de “parafascismo.” En algunos pocos esto significó en esos años el acompañar al desarrollo de Leviatán hasta sus últimas consecuencias, hasta el fin; en muchos casos creó la ilusión de una suerte de Parusía. Conocido es el caso de Martin Heidegger que fue más allá de Jünger y apoyo al régimen, al menos en sus primeros años1.

Ahora bien, a pesar del marcado tono nacionalista de la obra de Jünger durante esta época, el matiz “de élites” de su obra, además de la ausencia de antisemitismo, llevó a Jünger a rechazar ya en 1933 al nacionalsocialismo, al no aceptar el ingreso en la Academia de Poesía Alemana, purgada hacía poco tiempo por la Gestapo, y se marchó a una aldea, Goslar, en las montañas Harz; después se radicó en Ueberlingen.

En 1934 prohíbe al periódico del partido nazi que siga utilizando y manipulando sus escritos, rechazando también ocupar un asiento en el Reichtsag, al tiempo que publica “Blaetter und Steine” (Hojas y piedras), su primera crítica al racismo fascista.

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Jünger pasó una parte de la II Guerra Mundial como militar en el París ocupado, donde a partir de 1941 frecuentó los salones literarios y de fumadores de opio, así como la bohemia parisina, se dejó invitar por los oficiales que comenzaban a rebelarse contra Hitler y salvó la vida a cuantos judíos represaliados pudo. “El uniforme, las condecoraciones y el brillo de las armas, que tanto he amado, me producen repugnacia”, anotó Jünger en su diario, al enterarse de la exterminación progresiva de los judíos.

Así pues, una visión como la de Jünger no se refiere únicamente al nazismo, ni siquiera a las ideologías y sistemas totalitarios, sino un rasgo de la civilización moderna de querer vincular el advenimiento de la sociedad industrial con una esperanza de escatología secularizada, que en la era de las guerras mundiales y de la Guerra Fría adquiere una dimensión política, la que más tarde – en la obra posterior– se tornará en objeto de crítica, ejerciendo una labor de medium y vidente superdotado de las sociedades del futuro.

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Desde que en los años 50 entablara amistad con Albert Hofmann, el creador del LSD, varios de los libros de Jünger versaron de forma directa o indirecta sobre la experiencia psicodélica. En 1952, después de su primera experiencia con la LSD, escribe “Besuch auf Godenholm” (Visita a Godenholm), cuya publicación coincidió con la aparición de “Las puertas de la percepción”, de Aldous Huxley. Su otro gran libro sobre el tema de las drogas es “Annäherungen. Drogen und Rausch”, (Acercamientos. Drogas y ebriedad), de 1970. Esta obra, en la que el autor acuñó el término psiconautas (navegantes de la psique), expone las numerosas experiencias de Jünger con varios tipos de sustancias psicoactivas, tanto enteogénicas como estimulantes u opiáceos.

Hacia 1977 escribe otra de sus obras más conocidas, “Eumeswil”, donde sobresale la figura del “anarca”, personaje preconfigurado por Albert Camus en su libro “L’homme révolté” (El hombre rebelde, 1951). Uno de sus últimos textos sería “Die Schere” (La Tijera), publicado en 1989, cuando Jünger contaba con 95 años de edad. De gran valor histórico y literario son sus diarios de la II Guerra Mundia (”Radiaciones”). En la actualidad se considera a su obra como una de las mayores contribuciones a la literatura en lengua alemana en el siglo XX.

Finalmente murió el 17 de febrero de 1998 cuando ya contaba con 103 años de edad.

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Amigo personal de Heidegger, la polémica desatada alrededor del posible nazismo personal y teórico de este filósofo le parece de tono menor. “El gran éxito de Heidegger fue el giro que le dio a la teoría del conocimiento hacia el concepto del ser. Eso es una filosofía muy amplia, que naturalmente se puede desglosar en algunos aspectos y atribuirle una conexión con ideologías de la época, pero eso no resume ni con mucho la totalidad de la filosofía de Heidegger, sino sólo algún aspecto parcial”.

Tempestades de acero es un canto al guerrero, un canto a los valores que surgen del peligro de vivir, una visión romántica de la guerra. Jünger, en su madurez, se distancia de aquellos primeros fervores, pero se reconoce en quien los vivió. “En cierto modo, no he realizado autocrítica. En la distancia, aún soy proclive de darle unos golpecitos en el hombro a aquel jovencito que escribió Tempestades de acero. Naturalmente, aquel jovencito era agresivo, no había llegado a la consciencia de la importancia que tiene el evitar y prevenir las guerras. Ahora que he llegado a este estado senatorial de madurez, pues tengo otra visión de las cosas, pero esto no significa que me distancie de aquel joven”.

Llegado a la madurez, ¿ha logrado en literatura sus propósitos? “Naturalmente, hay personas que no llegan tampoco con la edad a la madurez. A mí no me gustaría pertenecer a ese grupo de personas a las que sería aplicable la frase de Voltaire que dice que quien no tiene el espíritu de su edad tiene todas las desgracias de su edad”.

Instalado en la mejor tradición de la cultura alemana, Jünger parece fijarse en las individualidades que trascienden su tiempo. “A Hölderlin le ponen siempre en el grupo de los románticos, y eso no es cierto. Hölderlin sobrepasa a su tiempo, y en cierto modo prevé nuestra época y, por tanto, no es un romántico en la acepción clásica”.

Sus diarios, escritos en circunstancias terribles, guardan distancia para con los horrores que describen. “Un diario puede sustituir a la oración. En una ocasión fui herido, y al transportarme me quitaron los diarios; al darme cuenta, me incorporé, fui a buscarlos y me volvieron a herir”.

Microfísica del Poder - Adolfo Vásquez Rocca

Adolfo Vásquez Rocca Exposición de Arte - Kunnst and Art


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Ernst Jünger (1895-1998) constituye, posiblemente a causa de sus participaciones - diametralmente opuestas - en ambas guerras mundiales, una figura privilegiada del escritor-soldado; sin embargo, Jünger fue cronológicamente, combatiente antes de ser escritor. Así, como subraya Marcel Decombis (Ernst Jünger, l’homme et l’œuvre jusqu’en 1936) siguiendo la línea trazada por el especialista de historia literaria Langenbucher, es necesario distinguir “el linaje de poetas que se convirtieron en soldados, de la joven generación (de la cual forma parte Jünger) que la guerra transformó en poetas”. En efecto, la generación intelectual alemana que había publicado anteriormente a 1914, entre otros R.G. Binding o St George, sintió la guerra como un cuestionamiento apocalíptico de la cultura de la cual formaba parte. Sin embargo, la generación literaria de Jünger o de Dwinger y Schauwecker, irrumpía en ese momento dentro de la historia contemporánea. En este sentido, Jünger forma parte de los autores que no esperaron ver madurar en ellos una vocación, sino que se sintieron incitados a la escritura por la crudeza de una experiencia belicosa que derrocaba el antiguo mundo y que debía ser contada sin artificio.

Aunque Jünger ha sido acusado de poeta ingenuo y de verdadero apólogo de la guerra, su posicionamiento moral frente los conflictos es más ambiguo o heterodoxo que una aproximación superficial del autor podría sugerir. Confrontado a un dilema prometeico entre, de una parte, su lealtad espiritual a los ideales caballerescos del Imperio Alemán, y por otra, la necesidad de conformarse a los nuevos retos de “rebelión de la materia esclavizada por el hombre” (Drieu Rochelle, La comédie de Charleroi), va a intentar relatar escrupulosamente de manera a la vez objetiva (experiencia) y poética (sensación) (I), los desafíos físicos e intelectuales de la guerra, y hacerles frente formulando una nueva moral guerrera (II), que sea sintética y adaptada a la ruptura de civilización para su pertinencia en el tiempo histórico y en el espacio político (III).

La prosa poética de Jünger da cuenta de la naturaleza gratuita del acto heroico, que no tiene por qué tener “causas” para existir. Como lo ha dicho ya a los noventa años, la gloria “es como la cola inflamada de un cometa, que centellea todavía algún tiempo en la estela de la obra. Uno puede entonces preguntarse cuál es el propósito de la escritura, suponiendo que haya alguno: es el instante creador mismo en que algo se produce fuera del tiempo, el cual ya no puede ser anulado. El universo se ha afirmado en el individuo, y esto debe bastar, así sea que a algún otro se le ocurra o no”1.

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I) Relatos de guerra: la aceptación de la guerra tal como es

Los recuerdos personales de Jünger constituyen la base esencial de sus primeros textos: escritos de fuente real, sin construcción de una intriga y sin elaboración de personajes de ficción. En complemento de estos libros, La guerra como la experiencia interior, concentra sus reflexiones acerca de la guerra. De este modo, la obra del autor resulta representativa del destino de millones de combatientes que participaron en el conflicto, “hasta el punto que sus testimonios aparecen como documentos simples” (Julien Hervier en Deux individus contre l’Histoire : Drieu la Rochelle et Jünger)

Los escritos de guerra de Jünger, como lo explica Decombis, tratan la guerra en tres dimensiones. Partiendo de la realidad, los escritos inflexionan de manera lineal hacia consideraciones más abstractas y globalizantes: en un primer momento se presentan los aspectos tácticos, luego se abordan (bajo la forma de relación carnal con la guerra) las huellas físicas en el cuerpo de los soldados, y finalmente se señalan las interrogaciones morales que produce la experiencia fuera de lo común.

Tres grandes escritos “objetivos” de la guerra: Tempestades de acero, El bosque 125, Fuego y Sangre

En la obra de Jünger, la preocupación por tratar la realidad no excluye la exigencia estética; así, Tempestades de acero serán acogidas con admiración por André Gide que verá en ellas “el más bello relato de guerra”. Este primer diario de guerra describe las diferentes campañas y las heridas del autor durante los cuatro años de guerra. Se trata, sobretodo, de una aproximación a la práctica cotidiana de la guerra: el ataque, la guardia y el descanso, entre las explosiones de obuses y las heridas meticulosamente descritas por el narrador que se abandona a “sollozos compulsivos” por la visión de “la inmensa mayoría de sus hombres destripados”.

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Ernest Jünger - Martin Heidegger por por Adolfo Vásquez Rocca

El boqueteau 125 explicita una semana de los mismos acontecimientos en un lugar circunscrito y particularmente representativo del frente: un grupo de soldados defiende una posición totalmente devastada. El tercer texto, Feu et Sang, es la descripción de un solo día de combate: desde las esperanzas del asalto, hasta el “vértigo que se apodera de todo y arrebata la conciencia” en una “pelea donde las cosas y los valores cambian de aspecto” (Decombis).

El sentido de la guerra reside en su fatalidad: la negación de su absurdo.

Jünger toma como punto de partida la experiencia en toda su crudeza y, como Hobbes, considera que el hombre está sometido a un deseo de destrucción que constituye una ley natural. Además, como explica Julien Hervier, según Jünger “esta plaga necesaria es una fuerza saludable”. Bajo el influjo de una perspectiva nietzscheana, el escritor alemán considera que la lucha es el principio de toda vida y de la cultura misma. La guerra entendida como un acto valeroso, no deja lugar a crítica. Jünger considera que los esfuerzos de los pacifistas son vanos, y hasta condenables. Según él, “la guerra es el más potente encuentro de los pueblos” (La Guerra como experiencia interior). Jünger, alistado a la Legión extranjera de manera voluntaria a los 17 años, seducido por la cultura francesa, participará en las dos ofensivas del ejército alemán sobre París. La dureza de la prueba sufrida por el soldado implica retrospectivamente considerar la guerra como algo no absurdo. El principio de la lucha es una fuente de sentido.

El significado de la guerra radica en la memoria necesariamente mantenida. El valor de los combatientes, su valentía en el momento de las ofensivas, entran en la historia y dejan huella: “¿cuánto tiempo hará falta para que fenómenos como la gran ofensiva de la primavera de 1918 o la batalla de Skaggerak se desprendan del tiempo como monumentos independientes?” (La Guerra como experiencia interior).

La lógica de la prueba, entre idealismo y realismo: la aceptación de la guerra tal como es.

La postura de Jünger es heroica: la guerra es una prueba con la cual hay que enfrentarse: “para no ser víctima del acontecimiento, hay que ponerse a su altura” (Decombis). En este sentido, Jünger se inscribe dentro de la tradición heroica de la caballería inspirada por los grandes héroes homéricos de Grecia arcaica. La guerra como ineluctable, tiene consecuencias terribles para los que intentan sustraerse de ella ignorándola: “no tenemos derecho a negarla, si no nos tragará” (La Guerra como experiencia interior). Los relatos de Jünger se dirigen a los que no han conocido los combates del Frente para informarles de la realidad de la guerra vivida.

Sin embargo, los libros de Jünger sobre la guerra de 1914-1918 no incitan al combate. Jean-Michel Palmier afirma en este sentido que “por un curioso giro dialéctico, Tempestades de acero parece ser una de las más apropiadas obras para inspirar el horror de toda guerra, precisamente porque su recurrente estética grandilocuente se convierte en insoportable”. De hecho, el mismo Jünger previene a la juventud de la posible seducción de “esta atracción de armas chispeantes, de sangre espumante y de juego intrépido con la vida y la muerte” (Fuego y Sangre). Alejado del nihilismo, Jünger ratifica el horror de la guerra, no duda en utilizar una descripción minuciosa del olor y del aspecto de los cadáveres a medio descomponer. Decombis subraya el esfuerzo de Jünger para sintetizar, según una perspectiva “estereoscópica”, los puntos de vista militaristas y antimilitaristas representantes ambos de la Alemania en guerra. Idealismo y realismo por separado acceden a una visión truncada del hecho vivido; por eso Jünger se ampara de un tono que concilia “la poesía del corazón y la prosa del mundo” (El corazón aventurero). Definición muy próxima a los términos que Hegel utilizaba en Estética por la definición de la novela (Jean-Michel Palmier).

II / Pensar la guerra a partir de la “experiencia interior”

El carácter sintético de la visión estética y metafísica de Jünger radica en un vaivén entre un gusto por la tradición y la confrontación a las exigencias de su tiempo. Siendo la guerra tanto un desafío moral como un reto para el entendimiento. La resolución de esta tensión en la persona y la psyche de Jünger, incita a reflexión.

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Kunst and Art by Adolfo Vásquez Rocca


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Las interrogaciones morales del sentido de la guerra

La moral que se desprende de los diarios de guerra es fundamentalmente aristocrática. El componente nietzscheano del pensamiento de Jünger desemboca en una omnipresente apología de la fuerza, desarrollada bajo forma estética por el joven aficionado de Baudelaire y de Rimbaud. Como lo subraya Decombis, “su admiración tiene como objeto tanto la belleza del ordenamiento de las armas (…) como los soldados que las manejan con tanta (…) seguridad”. Esta estética ilustra los principales rastros de la síntesis aristocrática que concilia la firmeza de la fuerza natural con la desenvoltura en su utilización.

Jünger se niega a calificar la guerra de absurda: sería una renuncia y una traición a la memoria de los compañeros de armas que van desapareciendo a lo largo de las páginas de las Tempestades de acero. Según una perspectiva una vez más, resueltamente nietzscheana, el enemigo es un alter ego. Éste merece respeto según el viejo principio caballeresco. Encontramos eco de este comportamiento en otro testimonio de la Primera Guerra Mundial; la película La Gran ilusión de Jean Renoir. El capitán alemán Von Rauffenstein invita a comer a oficiales franceses cuyo avión acaba de destruir, saludando con cortesía la memoria de las víctimas francesas y pidiendo disculpas a sus huéspedes: “que la tierra les sea ligera a nuestros valerosos adversarios”. Jünger promueve este sentido de “guerra sin odio” fratricida entre los mejores de cada campo. Un juego trágico pero necesario: “cuando nos lanzamos uno contra otro en una nube de fuego y polvo, hacemos uno, no somos más que los componentes de una sola fuerza fundida en un solo cuerpo” (La guerra como experiencia interior).

Jünger se esfuerza por recrear la unidad de la guerra, a pesar de su complejidad y de los sentimientos contradictorios que pueden avasallar al soldado desconcertado por la violencia de su realidad. La abdicación de la Razón no le conduce a desprestigiar la guerra, le confirma en la validez de lo irracional, continuidad del romanticismo político de la segunda mitad del siglo XIX alemán. La guerra como experiencia interior abunda en los “contrastes [que] lejos de dar un carácter contradictorio a nuestra vida, constituyen su carácter grave”.(Decombis)

Enfrentarse con la “revancha de la materia sobre el espíritu”: hacer del materialismo un valor

Jünger constata la obsolescencia de la guerra de movimiento bajo las Tempestades de acero vertidas por la artillería, y considera que el fin de este tipo de guerra es la derrota del idealismo. Jean-Michel Palmier nos recuerda que Alemania conoció el equivalente de la matanza de los jóvenes Cadetes de la Academia General Militar de Saint-Cyr en la batalla de Langemark, a finales de 1914. Estos jóvenes anestesiados por la embriaguez de la acción encarnan el culto del heroísmo sin objeto calificado de “beatitud de los epilépticos” por Walter Benjamín.

De hecho, Jünger se aparta del heroísmo inútil y se esfuerza por entender el materialismo que caracteriza su tiempo. De ahí su obsesión por la técnica, tema objeto de la constante correspondencia entre el escritor y Heidegger. Así como lo señala Decombis, Jünger se aferraba al pasado: sabia que la caballería perdía su pertinencia una vez preparadas las trincheras. “La trinchera convirtió a los combatientes en asalariados de la muerte” (La guerra como la experiencia interior). La vigilancia del mismo Jünger ante las evoluciones tácticas de la guerra es paradigmática de la del soldado en su trinchera: se trata de comprender con pragmatismo las nuevas incógnitas del fenómeno para anticiparse. En esto, las opiniones de Jünger, lejos de ser ingenuas, son un pensamiento para la supervivencia.

El autor evoluciona al materialismo por la imposición de las circunstancias: se trata de resistir estoicamente bajo las tormentas de acero. Aunque la guerra “pierda alma”, su principio de prueba sigue vigente y reforzado por las nuevas condiciones materiales. Las realidades tienen vocación a ser afrontadas: Jünger, pensador distinguido del realismo conservador, se acerca a la famosa máxima del Príncipe Salina, el Gatopardo de Lampedusa: “Es necesario que todo cambie para que todo se quede como está”. Decombis anota al respecto como Jünger acepta la ineluctable dictadura del materialismo, esforzándose a encontrarle una justificación espiritual. El materialismo constituye, para él, la base de un nuevo orden moral. La guerra como experiencia interior ilustra este pensamiento: “las máquinas son la inteligencia de un pueblo soldada al acero”.

“La revancha de lo brutal sobre lo sentimental” (Decombis): el regreso fulgurante de los instintos primitivos y el verbo “prenazi” de Jünger

Jünger estudia la actitud del hombre confrontado con experiencias excepcionales como camino hacia la esencia de su ser. La verdad que encuentra es irracional, la propia de un inconsciente que se esconde bajo la capa de la Razón. Las causas: el “oscurecimiento de la inteligencia por el cansancio, el vencimiento de la sensibilidad por la indiferencia” (Decombis). Pero esta “salida de uno mismo” esta limitada temporal y espacialmente al campo de batalla, ocasión de tomar la justa medida de sí mismo y de vivir la experiencia privilegiada de la “anarquía interior” (que Jünger tratará de reencontrar por otros caminos en tiempos de paz, menos destructores para el prójimo, como en la droga y en la embriaguez: Aproximaciones a las drogas y embriaguez). Esta experiencia espiritual constituye un privilegio que no tiene vocación de durar más que un instante, permite el distanciamiento del mundo y la impasibilidad estoica de resistir.

En 1953, después de una experiencia con el LSD, escribió un pequeño relato titulado Visita a Godenholm, cuya publicación coincidió con el ensayo Las puertas de la percepción, de Aldous Huxley. Ambos ensayos marcan un hito en la aparición de los enteógenos en la escena del siglo XX, pero con una diferencia: Jünger en ninguna de sus páginas mencionó la palabra droga, ni LSD, ni nada que se le pareciera. La reserva y la discreción ha sido la tónica general de los libros de Jünger sobre substancias “visionarias”, ello nace del escepticismo de Jünger.

La guerra como la experiencia interior es la oportunidad del retorno, por el estrépito del combate, a los instintos primarios del hombre. Una propensión al equilibrio entre el miedo y la curiosidad que incita a la acción ante el peligro. Rehusando el nacionalismo como principio explicativo del coraje de los combatientes; éstos son estimulados por pulsiones anteriores y más básicas: “no queremos un mundo apacible y refinado, queremos el mundo con la totalidad de sus posibilidades” (Fuego y Sangre). La inflexión a la acción es posible gracias al descubrimiento de esta energía bruta e insospechada en “una raza nueva, del más elevado potencial, formada en la dura escuela de la guerra que tiene a mano el instrumento de realización de la muerte” (Fuego y Sangre).

Así, Jünger consigue la síntesis entre materialismo y brutalidad, entre modernidad y barbarie. De ellos, emana una nueva espiritualidad, propia a la raza anteriormente evocada (Decombis). Sus ideales, los encuentra en su recuerdo como teniente fuerzas de choque: el racionamiento a sangre fría y el calor en la acción. En su extremo esta idea remite a una apología audaz y peligrosa de la embriaguez y de la violencia, que ha sido etiquetada de “fascista” por Marc Vanoosthuyse en Fascismo y literatura pura. En cierta manera, prefigura los llamamientos a la lucha con un “furor sagrado” de Hitler quien asumiría la acusación de barbarie en Nuremberg (”Sí, somos unos bárbaros y queremos ser unos bárbaros. Es un título de honor. Somos los que rejuveneceremos el mundo. El mundo actual toca su fin. Nuestra tarea es de saquearlo”). No obstante, la distancia manifiesta de Jünger respecto al mundo en general o el nacionalsocialismo en particular, permitieron a sus introductores en Francia, especialmente sus traductores Henri Thomas y Julien Hervier, su editor Christian Bourgois, o sus admiradores como Julien Gracq, defender al autor, una de las más grandes figuras de la “reacción revolucionaria prefascista” (Ernst Nolte, El fascismo en su época) que constituyó la revolución conservadora alemana.

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Fascismo y Literatura por Adolfo Vásquez Rocca

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Un pensamiento de síntesis y de ruptura: la guerra, la historia y el destino

La controversia en cuanto al papel exacto desempeñado por Jünger en la revolución conservadora y la dimensión “prenazi” de sus escritos nos remiten a la relación del escritor alemán con la historia y a la política de la nación alemana.

El mundo antiguo, feliz y glorioso, colmado de armonía y belleza, debe pasar por las llamas para ser purificado de sus debilidades

Militarista al igual que su generación, Jünger no pone en tela de juicio la legitimidad de la guerra: “no se rebela contra la marcha del tiempo” (Decombis) intentando anticiparlo como ilustra su relación con el materialismo. Del mismo modo que Spengler en La decadencia de Occidente, se muestra sensible a las metáforas biológicas (vegetales y entomológicas), y desarrolla una concepción cíclica de la historia parecida al ritmo de la vida: el desarrollo fulgurante de Alemania bajo Bismarck era patológico y el mundo idealista que había nacido bajo la jefatura prusiana debía inevitablemente entrar en crisis, provocando la muerte de la Alemania imperial por su afán de provocar guerra.

Por eso Jünger considera, según una perspectiva vitalista, que la guerra es una ruptura filosófica en el contexto de una civilización cambiante: tiene un efecto radicalmente roborativo, ya que elimina las debilidades contenidas en la Alemania imperial. La Alemania del fin del siglo XIX está condenada, aunque Jünger sea sensible a sus honores, como en la medalla Pour le mérite, la más alta condecoración alemana que simboliza las largas tradiciones militares prusianas. En el libro de protesta metafórica contra el nazismo, Sobre los acantilados de mármol, el mundo antiguo está presentado como una edad de oro marcada por una belleza y una armonía que no dejan insensible a Jünger. Sin embargo este mundo ideal debe prender en las llamas para salir regenerado: aunque “ese tiempo se fue para no volver más”, y sea objeto de “una intratable melancolía”, el renacer de la vida es necesario.

La guerra, momento de inflexión en el ciclo de la historia: la lucha entre fuertes y débiles

La guerra, siendo una prueba sin concesión, no deja espacio ni a la debilidad ni a los que se refugian en la abstracción pura. En el mismo registro, Jünger escribe en El trabajador: “en todos los países que han participado en la guerra, hay vencedores y vencidos”. Tanto para Jünger como para Nietzsche, conviene eliminar el ideal ante el hecho, así como hacer prevalecer la fuerza ante el derecho (Julien Hervier). La colectividad se reconstituye en función de la línea de ruptura, ya que el grado de devastación del país impone que los supervivientes se concentren en los recursos restantes. Los egoísmos de la sociedad burguesa de período anterior a la guerra dan sitio a la movilización total de las energías, para tomar en mano el destino de la nación a la hora de la gran prueba común.

Catorce veces herido, como lo relatan las últimas páginas de Tempestades de acero, Jünger no se sorprende de su suerte. El momento de la última herida, casi fatal, le causa una “tristeza extraña” (Jean-Michel Palmier), pero Jünger espera resignado el desenlace: “tenía la certeza de estar irrevocablemente perdido. Y, cosa extraña, este momento fue uno de los pocos que fueron verdaderamente felices. Comprendí en ese segundo, como a la luz de un relámpago, mi vida en su estructura más secreta (..). Allí dónde estaba entonces, no había más guerra ni enemigo”.

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Kunst and Art por Adolfo Vásquez Rocca


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Las bodas bárbaras del hombre y la técnica por Ernst Jünger y Walter Benjamin

El destino individual y colectivo: “las bodas bárbaras del hombre y de la técnica” vistas por

En La guerra como la experiencia interior, Jünger manifiesta una filosofía que Decombis cualifica de “más próxima de la de las Jansenistas que de la de los antiguos griegos”: concibe una potencia superior cuyos fines son escondidos pero fijados de antemano, y niega que sólo el azar disponga del destino de los individuos. El hombre debe someterse sin queja a esta fuerza, siendo la fe lo que permite superar la crisis. Pero esta experiencia individual tiene también connotación colectiva: “porque el poderoso destino de los pueblos ha sido experimentado y sufrido a través del destino del individuo”. Así, el porvenir contingente del individuo queda justificado por el destino de la comunidad: Jünger y Alemania se reforzaron independientemente del resultado del conflicto.

Así como lo recuerda Decombis, Jünger estudia las “bodas bárbaras del hombre y de la técnica”, y escribe que “la guerra no es el fin, sino el comienzo de la violencia”, sugiriendo que el viejo conflicto entre los elementos que llama “solares y telúricos” acaba de terminarse con la victoria de estos últimos (El trabajador).

Walter Benjamin, en Dirección única, contesta irónicamente a Jünger y su misticismo, en el mismo registro lexical: “es señal de amenazadora confusión por parte de la comunidad moderna el tomar esta experiencia (de embriaguez) por algo insignificante que se pueda descartar, como lo es el dejar esta experiencia a manos del individuo que la trasforma en un delirio místico bajo el cielo de bellas noches estrelladas. No, (la confusión) se impone de nuevo en cada época, y el pueblo y las razas escapan de ella bien poco. (…) Se echaron en campo raso masas humanas, gases y fuerzas eléctricas. Corrientes de alta frecuencia atravesaron los paisajes, nuevos astros se elevaron en el cielo, el espacio aéreo y las profundidades marinas resonaron con el ruido de las hélices, y por todas partes cavamos en la Tierra Madre hoyos para el sacrificio. Este gran noviazgo con el cosmos se realizó por primera vez a escala planetaria, es decir bajo la forma de la técnica. (…) La técnica traicionó la humanidad y transformó el lecho nupcial en un baño de sangre”.

Como lo sugiere Benjamin, existe un lazo entre la estética jüngeriana y las formulas y temáticas del III Reich: la dimensión cosmológica, el culto del sacrificio y la exaltación de la tradición heroica de la Gran Guerra constituirán la base la propaganda nazi. Sin embargo, la “belleza de la catástrofe”, con la cual Jünger mantendrá siempre una relación ambigua, será para el autor de Sobre los acantilados de mármol, a pesar de los sarcasmos dolorosos de Benjamin, el punto de partida de un alejamiento mucho más profundo que el de Gottfried Benn que presidió la Academia de poesía de III Reich. Será un verdadero “el exilio interior” en tiempos de grandes tormentos.

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Sobre los acantilados de mármol.

Juan-Miguel Palmier recuerda que “el 24 de junio de 1940, Jünger celebra con champán el anuncio del armisticio y guarda los leptinopartsa capturados en los jardines salvajes de la Essômes. Los únicos presos que hizo, durante la campaña de Francia, es este puñado de doríforas”. Palmier, cuya obra es la que, entre todos los comentarios sobre la vida y la obra de Ernst Jünger, se aproxima más a la biografía del autor, señala que el posicionamiento del escritor alemán en la Segunda Guerra Mundial, será muy diferente a su experiencia de combatiente veinticinco años antes; Su sola hazaña consistirá en salvar a jóvenes soldados imprudentes que se habían acercado exageradamente al Frente con el fin de tomar fotografías.

Después de haber escrito dos ensayos que parecían “preparar” el nazismo (El trabajador y La movilización total), Sobre los acantilados de mármol, su texto más célebre, lo alejara de sus actitudes belicistas iniciales y cultivará la lógica aristocrática de la distancia ya presente en sus primeros textos, manteniéndose lejos del nacionalismo agresivo de los nacionalsocialistas y de los círculos oficiales de la RFA durante muchos años. Su ensayo clandestino La Paz, aparecido clandestinamente poco antes el atentado contra Hitler de julio de 1944, incitará a la juventud europea a superar rencores. Hasta la alegría de Jünger ante la reconciliación franco alemana y la Construcción europea. François Mitterrand, una de las personalidades pacifistas que alimentaron el proceso, definirá al autor como un “gran ejemplo de hombre libre”.

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Teatro de vanguardia y Arte Político por Adolfo Vásquez Rocca

La figura de Jünger continua siendo objeto de debate en los círculos intelectuales: tanto en Alemania donde su estilo fue muy atacado, o en Francia donde ha sido objeto de consideración. Sin embargo son numerosas aún las obras, como la de Marc Vanoosthuyse, que asemejan injustamente al autor, con escritores sensiblemente más nihilistas como Ernst von Salomon que escribía: “el caos es más favorable para el futuro que el orden; salvando la patria del caos, cerramos la puerta del futuro y abrimos camino a la renuncia”.

10.-

Otro de los temas recurrentes que Jünger trató en varios de sus libros fue el final de la historia, y entre otras cosas de los infinitos procesos bélicos que han levantado cabeza a lo largo del siglo XX. Según Jünger, la globalización de las comunicaciones -tanto físicas como medios de información-, invitan a este punto de la historia a la creación de un estado mundial, pero no entendiendo este como un estado totalizador, sino como una administración mínima para la gestión de los problemas comunes -como el medio ambiente, o las ansias de poder de recurrentes dictadores-, y dando libertad de acción a cada una de las naciones y pueblos en los temas particulares.

Otro gran tema tratado en la obra de este pensador es la retirada de los dioses, o mejor dicho, la entrada en escena de los titanes. Según su visión, los antiguos cultos a divinidades, omnipresentes en las civilizaciones humanas, han sido substituidos en la cultura occidental por una concepción puramente mecanicista de la existencia, un proceso que ha desposeído de alma al mundo, velando la trascendencia y amenazando arrasar el espíritu humano y extender su poder de destrucción al mundo natural, hogar común de todos nosotros.

Jünger también recuerda que las sociedades humanas nacieron con el culto a los difuntos, y apunta que nuestra cultura es la primera en la historia que ignora el momento del tránsito. Así pues, en opinión de Jünger, nuestra civilización no puede ser otra que la del fin de los tiempos -o en todo caso, llevarnos sin solución de continuidad a un proceso de inflexión en el que una nueva concepción ha de nacer, esta vez representando una unión entre lo aportado por la ciencia y lo atesorado por los antiguos cultos religiosos.

En Heliopolis, con más o menos optimismo, Jünger sitúa la experiencia visionaria como punto de inflexión de esta carrera de velocidad que no nos lleva a otra parte que a estamparnos contra el rígido muro de nuestra soberbia.

Dr. Adolfo Vásquez Rocca

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Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización Antropología y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV; Profesor de Antropología Filosófica en la Escuela de Medicina y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la UNAB. Profesor asociado al Grupo Theoria Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado. Director de la Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/. Editor asociado de Psikeba Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales http://www.psikeba.com.ar/; Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo.


1FERMANDOIS, Joaquín, Ernst Jünger, Escritura en tiempos de catástrofe, Estudios Públicos, 58 (otoño 1995)

1 Ernest Jünger: Su obra, polémica donde las haya, ha ido sobreviviendo a los avatares de la Historia gracias a la sedimentada lucidez con la cual ha vivido y dado cuenta, desde una posición personal siempre incómoda y delicada, de los acontecimientos que han ido marcando un siglo cargado de convulsiones de toda índole. Escribió entre otras obras, Acercamientos, La emboscadura, El libro del reloj de arena, Radiaciones (Vol. 1 Diarios de la Segunda Guerra Mundial), Radiaciones (Vol. 2 Diarios de la Segunda Guerra Mundial), Pasados los setenta I (Radiaciones Vol. 3), Tempestades de acero, La tijera, El tirachinas y El trabajador.

1 HERVIER, Julien, Conversaciones con Ernst Jünger (Buenos Aires, México, Madrid: Fondo de Cultura Económica, 1990; original, Paris, Gallimard, 1986), p. 50

Bibliografía

JÜNGER, Ernst

  • Ernst Jünger y Martin Heidegger: Acerca del nihilismo: Sobre la línea (Über die Linie) y Hacia la pregunta del ser (Zur Seinsfrage), respectivamente. Paidós - I.C.E./U.A.B., Barcelona, 1994.

  • JÜNGER, Ernst, El Trabajador, Ed. Tusquets

  • JÜNGER, Ernst, La Emboscadura, Ed. Tusquets

  • JÜNGER, Ernst, Radiaciones. Diarios de la Segunda Guerra Mundial I, Ed. Tusquets

  • JÜNGER, Ernst, Radiaciones. Diarios de la Segunda Guerra Mundial II, Ed. Tusquets

  • JÜNGER, Ernst, Radiaciones. Pasados los Setenta I, Ed. Tusquets

  • JÜNGER, Ernst, Radiaciones. Pasados los Setenta II, Ed. Tusquets

  • JÜNGER, Ernst, Tormentas de Acero, Ed. Tusquets

  • JÜNGER, Ernst, El Libro del Reloj de Arena, Ed. Tusquets

  • JÜNGER, Ernst, Heliopolis, Seix Barrall



Ver:

ZYGMUNT BAUMAN; MODERNIDAD LÍQUIDA, CIUDADES DEL PÁNICO Y FRAGILIDAD HUMANA Por Adolfo Vásquez Rocca

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Adolfo Vásquez Rocca

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- Vásquez Rocca, Adolfo, "La Fotografía y las formas del olvido; Del furor de la imagen al frenesí de lo real", En Psikeba –Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Nº 5, 2007, ISSN 1850-339X, BUENOS AIRES.
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"La Fotografía y las formas del olvido; Del furor de la imagen al frenesí de lo real".


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- Artículo "Andy Warhol; "Mi filosofía de A a la B y de B a la A" En Sónar Cultural ©, Buenos Aires, abril 2008.
http://www.sonarcultural.com.ar/notas/avr-andy-warhol-mi-filosofia.htm


- "Arte Conceptual y Postconceptual; de Duchamp a Joseph Beuys", en Psikeba - Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, BUENOS AIRES, ISSN 1850-339X, Nº 4 - abril de 2007.
http://www.psikeba.com.ar/articulos/AVR_arte_conceptual_y_postconceptual.htm

- Vásquez Rocca, Adolfo, "La crisis de las Vanguardias artísticas y el debate Modernidad-Postmodernidad"
En Revista Arte, Individuo y Sociedad. Revista Científica de la Facultad de Bellas Artes, UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID – Año 2005 – vol. 17.ISSN 1131-5598 pp.133 - 154
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-Edición ampliada y prologada, reproducida en Suma Nº 2, de 2005. Revista Científica de Estudios Histórico-artísticos,
http://www.sumagestion.com/revista/2/vanguardias_artisticas/index.htm
y En Revista Ábaco, Revista de Cultura y Ciencias Sociales, 2005, Número doble 44-45, Editada por CICEES, GIJÓN (ASTURIAS), Asociada a ARCE y FIRC (Federación Internacional de Revistas Culturales) pp.141-153.

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Adolfo Vásquez Rocca, "Anti-psiquiatría; Deconstrucción del concepto de enfermedad mental" En ALEPH ZERO Nº 46, octubre - diciembre, 2007, Revista de la Escuela de Ingeniería y Ciencias de la UNIVERSIDAD DE LAS AMÉRICAS, PUEBLA, MÉXICO. indexada en LATINDEX.
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(Reedición) En Revista Almiar, MARGEN CERO, MADRID, Nº 37 - diciembre de 2007 - Margen Cero © , Fundadora de la Asociación de Revistas Culturales de España, ISSN 1695-4807

Vásquez Rocca, Adolfo. Artículo “El vértigo de la sobremodernidad: turismo etnográfico y ciudades del anonimato”, En REVISTA DE HUMANIDADES, Nº 22, 2007, pp. 211-223 – Tecnológico de Monterrey– ISSN 1405-4167, México. Disponible en:
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Adolfo Vásquez Rocca, "Peter Sloterdijk; Espumas, mundo poliesférico y ciencia ampliada de invernaderos" En KONVERGENCIAS, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo, Nº 16 - 2007, Capital Federal, Argentina, pp. 217-228




2008


Adolfo Vásquez Rocca, "Ilya Kabakov; Arte de la instalación, conceptualismo ruso y el Palacio de los proyectos", En Escáner Cultural, Revista de Arte contemporáneo y nuevas tendencias, Nº 101 - enero - febrero 2008, http://revista.escaner.cl/node/598
Adolfo Vásquez Rocca, "Sloterdijk y Nietzsche; Posthumanismo, antropotécnicas y complejidad extrahumana", En Escáner Cultural, Revista de Arte contemporáneo y nuevas tendencias, Nº 101 - enero - febrero 2008, http://revista.escaner.cl/node/599


"Sloterdijk y Nietzsche; Posthumanismo, antropotécnicas y complejidad extrahumana"
Reproducido en Revista ESPIRAL, Nº 15, 2008, Revista de Cultura y Pensamiento Contemporáneo, México.


Adolfo Vásquez Rocca, "Música y Filosofía contemporánea; Registros polifónicos de John Cage a Peter Sloterdijk", En SINFONÍA VIRTUAL, Nº 6, 2008, Revista Trimestral de Revista de Música Clásica y reflexión musical, España, ISSN 1886-9505.
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Adolfo Vásquez Rocca, "Nietzsche y Derrida: De la voluntad de ilusión a la Mitología blanca", En CUENTA Y RAZÓN DEL PENSAMIENTO ACTUAL Nº 145 – 2008 - Revista de la Fundación de Estudios Sociológicos de Madrid, (FUNDES)
Nº 145 – 2008, pp. 45 a 64 - ISSN : 0211-1381
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Adolfo Vásquez Rocca, "Rostros y espacio interfacial; hacia una teoría del retrato en Sloterdijk", en ENFOCARTE Nº 33, Revista de Arte Patrocinada por la Secretaría de Cultura | Gobierno de Buenos Aires. http://www.enfocarte.com/7.33/rocca.html


Adolfo Vásquez Rocca, "Peter Sloterdijk: Esferas, flujos, sistemas metafísicos de inmunidad y complejidad extrahumana" En NÓMADAS Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas. UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID, | Nº 17 | Enero-Junio 2008 | 1º / 1 pp. 145-149
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Adolfo Vásquez Rocca, "Peter Sloterdijk: Espacio tanatológico, duelo esférico y disposición melancólica", En NÓMADAS, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas - Universidad Complutense de Madrid, | Nº 17 | Enero-Junio 2008 -1º / 1 | pp. 151-158
http://www.ucm.es/info/nomadas/17/avrocca_sloterdijk2.pdf


Adolfo Vásquez Rocca, "Peter Sloterdijk: Temblores de aire, atmoterrorismo y crepúsculo de la inmunidad", En NÓMADAS, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas - Universidad Complutense de Madrid, | Nº 17 | Enero-Junio 2008 -1º / 1 | pp. 159-168
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Adolfo Vásquez Rocca, “Zygmunt Bauman; Modernidad Líquida, Ciudades del Pánico y Fragilidad Humana”, en Escáner Cultural, Revista de Arte contemporáneo y nuevas tendencias, Nº 102 – Marzo, 2008. http://revista.escaner.cl/node/652



Adolfo Vásquez Rocca, "Sartre; Teoría Fenomenológica de las emociones y conciencia posicional del mundo", En Revista OBSERVACIONES FILOSÓFICAS, Nº 6 / 2º, 2008, Asociada al Postgrado en Filosofía - PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE VALPARAÍSO y al Grupo THEORIA - Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado. ISSN 0718-3712

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Vásquez Rocca, Adolfo, "El Arte abandona la galería ! ¿A dónde va?", En RÉPLICA 21 © , Revista Internacional de Artes Visuales, México, Abril 2008.
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Vásquez Rocca, Adolfo, "Arquitectura, Diseño y Filosofia en Heidegger; Construir, Habitar, Pensar", En Arqchile.cl ©, Portal Latinoamericano de Arquitectura, ISSN 0718-431X, Concepción , mayo 2008.
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Adolfo Vásquez Rocca, "Individualismo, modernidad líquida y terrorismo hipermoderno; de Bauman a Sloterdijk", En Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Dialogo, Nº 17, 2008 - ADEFYC Asociación de Estudios Filosóficos y Culturales, Ciudad de Buenos Aires, Argentina, pp, 122 - 130
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Vásquez Rocca. Adolfo, “Proust, Deleuze y Ruiz; Los signos y el Tiempo Recobrado”, en Escáner Cultural, Revista de Arte contemporáneo y nuevas tendencias, Nº 105 – junio, 2008. http://revista.escaner.cl/node/786


Vásquez Rocca. Adolfo, "Las Metáforas del Cuerpo en la Filosofía de Jean-Luc Nancy; Nueva carne, cuerpo sin órganos y escatología de la enfermedad".En Revista ALEPH ZERO Nº 47. Enero - Marzo, 2008, Escuela de Ingeniería y Ciencias, UNIVERSIDAD DE LAS AMÉRICAS PUEBLA, MÉXICO. indexada en LATINDEX.
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Vásquez Rocca. Adolfo, “Estética de la virtualidad y deconstrucción del museo como proyecto ilustrado”, En Revista NÓMADAS Nº 28 – Instituto de Estudios Sociales Contemporáneos, Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Arte – Universidad Central, Colombia, pp. 122 – 127.
http://www.ucentral.edu.co/NOMADAS/nunme-ante/26-30/28/11-ESTETICA%20ADOLFO.pdf


VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo; Artículo “ESTÉTICA DE LA VIRTUALIDAD Y DECONSTRUCCIÓN DEL MUSEO COMO PROYECTO ILUSTRADO ”, publicado originalmente en Revista NÓMADAS Nº 28 – 2008, Número monográfico: “Ciberculturas: metáforas, prácticas sociales y colectivos en red”, Instituto de Estudios Sociales Contemporáneos, Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Arte –Universidad Central, Colombia, pp. 122 – 127. http://www.ucentral.edu.co/NOMADAS/nunme-ante/26-30/28/11-ESTETICA%20ADOLFO.pdf

Edición en la cual –además– es publicado por parte de Peter Sloterdijk el Artículo, “Actio in distans. Sobre los modos de formación teleracional del mundo”, cuya versión preliminar fue expuesta en el Congreso Internacional Ontología de la Distancia celebrado entre el 12-16 marzo de 2007 en la Universidad Autónoma de Madrid, exposición que retoma ideas esbozadas en el volumen I de Esferas.

Este texto, que aquí presento en versión revisada y ampliada, forma parte de los trabajos preliminares del desarrollo del Proyecto de Investigación DI-10-09/JM, 2009 Dirección de Investigación de la Universidad Andrés Bello UNAB: Vásquez Rocca, Adolfo, "Ontología de las distancias en Sloterdijk, hacia una teoría antropotécnica de las comunicaciones" / Facultad de Humanidades y Educación, Filosofía.

Estética, Globalización y Cibercultura en Sloterdijk.




Referencia: "Francis Bacon; la deriva del yo y el desgarro de la carne". Francis Bacon; The Drift of I and the tear apart of the flesh (VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo) - Vol. 18 , 2006, en Arte, Individuo y Sociedad, Facultad de Bellas Artes, UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID. En versión impresa pp. 151-164; Versión electrónica: http://www.ucm.es/BUCM/revistas/bba/11315598/articulos/ARIS0606110151A.PDF

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Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca

PETER SLOTERDIJK Libro de Adolfo Vasquez Rocca | Institución Alfons el Magnànim (IAM) Valencia 2008